Si saltas, yo también lo hare
Estábamos en pleno acantilado, con el viento soplando entre nuestros cuerpos, los brazos extendidos y la mirada hacia el cielo, observando el enorme lienzo pintado de miles de colores. El sol hacía su escape en el horizonte, permitiendo que desde el otro extremo ingresara una oscura y fría noche. Era ese el momento perfecto donde la luna y el sol se encontraban nuevamente en dos puntos distintos. No estaban unidos entre sí, pero su presencia dejaba una hermosa vista en el horizonte. Ese momento culminante donde solo se veía a lo lejos el brillo de lo que fue un sol, un sol que brillaba tan fuerte como lo hacían tus ojos al mirarme, un sol que con el pasar del tiempo comenzaba a perder su resplandor mientras desaparecía a lo lejos, mientras el mar lo abrazaba para ocultarlo y dejarlo descansar. Apartaste la mirada del hermoso cielo y nuestros ojos se cruzaron un instante, un segundo que duró más de un siglo. Me sonreíste, pero no dejaste escapar ninguna palabra. Guardaste silencio, sepu...